Para mí el buen profesor es aquél que se preocupa por su trabajo y hace todo lo posible por mejorarlo cada día. Creo que ahí se engloban muchas cosas: la reflexión sobre la práctica docente, la preocupación por la formación y por estar al día, el intercambio de opiniones con otros compañeros, el espíritu intrépido y no tener miedo a equivocarse. Creo que también ha ser empático y estar atento a las necesidades de los alumnos. El profesor posee unos conocimientos suficientes para desarrollar su actividad de forma eficiente y coherente. Es también una persona informada sobre una gama importante de material didáctico (manuales, videos, TIC...) y acostumbrado a su uso. Asimismo crea, o puede crear, sus propios materiales didácticos teniendo en cuenta las necesidades de sus alumnos. En efecto, el profesor sabe elegir el material adecuado al nivel y necesidades de sus alumnos y tiene conocimientos pedagógicos y metodológicos para ser capaz de enseñar de una forma clara y organizada. Además de estas certezas debe ser también afectivo con los alumnos, saber ponerse en su lugar y guiarles en vez de mandarles, el hacer de la clase algo agradable, Pero teniendo cuidado con que los alumnos tengan claro que es una clase seria y que no están en un circo.
Desde mi punto de vista un buen profesor debe motivar al alumno, debe ayudarle en cualquier tipo de problema que se le plantee, debe tener la función de maestro- guía.
Según Eva Cánovas, En lo interpersonal:
El buen profesor tiene vocación de maestro: ayuda a sus estudiantes a crecer personal y profesionalmente.
Es una persona mental y profesionalmente madura: es cálida, honesta, abierta; respeta a sus estudiantes, se interesa por ellos y disfruta de la interrelación profesor-estudiante.
Sirve de modelo a sus estudiantes: en cuanto a su comportamiento como profesor, como profesional y como ciudadano.
En lo profesional:
Es un profesional que domina su área.
Se mantiene actualizado.
Tiene conciencia de la responsabilidad de su profesión.
Merece respeto por la capacidad profesional que muestra tanto dentro como fuera del aula.
En cuanto a la docencia:
Ayuda significativamente a sus estudiantes a alcanzar los objetivos del curso.
Prepara bien su clase y hace de ella una actividad estimulante y productiva.
Logra que los estudiantes se interesen por la materia empleando eficientemente estrategias de enseñanza-aprendizaje apropiadas a los objetivos del curso.
Evalúa a tiempo, con justicia y de acuerdo a los objetivos y contenidos del curso, estimulando el mejoramiento del aprendizaje.
En cuanto a responsabilidad:
Cumple con las normas mínimas de puntualidad, impartición de docencia, administración de exámenes, asignación y entrega de calificaciones.
En cuanto a aportaciones fuera del aula:
Presta su aportación a la creación de nuevos conocimientos, al desarrollo cultural y a la adaptación de tecnología.
Contribuye con el crecimiento y mejoramiento de su Unidad Académica, de la Universidad y de la comunidad.
Creo que como base para todo buen profesor es que debe tener en cuenta tres características claves en su desempeño como docente y es su vida en general: una primera característica de un buen profesor: es alguien feliz; como segunda característica el profesor es alguien autónomo, es decir, enseñará a los alumnos a descubrir su propia autonomía y a crecer siendo fieles a sus propios principios e ideales y no movido por sus caprichos y deseos egoístas e infantiles; la tercera característica de un profesor es que es alguien disciplinado que está para educar, para cumplir con el rol social que permitir que las generaciones más jóvenes logren ajustarse a los requerimientos de la sociedad en que estén. Por ello es que el docente no puede perder de vista el apego a normas de convivencia que permitan que los jóvenes eduquen su libertad. No se trata de imponer una obediencia ciega a normas y principios sino enseñar a respetar esas normas por lo valioso que contienen tras de si.
Por ello es que es preciso que el docente sea prudente, sepa cómo actuar desde una acción ética y no políticamente correcta. Un ánimo educado y capaz de tomar decisiones efectivas, centradas no en el beneficio propio ni en lo políticamente correcto, sino en valores y principios efectivamente formativos.
Por último, me parece que estas acciones desde el plano ético se fortalecen mas cuando quien las emite es alguien capaz de fascinar y atraer la atención de sus alumnos. Por ello es que creo sinceramente que la mejor forma de enseñar y educar a los alumnos es cuando el profesor se muestra a sus alumnos como alguien con autoridad.
Un alumno no se acerca al liceo o colegio a repetir lo que ya sabe, sino a ampliar su horizonte, solo un profesor con el conocimiento y la sabiduría propia permitirán responder a esta necesidad vital.
Un profesor por tanto debe dejar de ser un mero instructor de contenidos para convertirse en un pleno educador, en un servidor de las vocaciones ajenas.
Todo lo anteriormente dicho son las cualidades propias de un profesor pero como una persona no hace el mundo, un buen profesor debe estar apoyado por un buen entorno, Sir Michael Barber, una de las cabezas de las exitosas reformas introducidas al sistema escolar inglés bajo el gobierno de Blair, señala lo siguiente. Decía que la única característica compartida por los sistemas exitosos de educación -desde Finlandia a Singapur- es que forman a sus profesores reclutándolos entre el tercio de los mejor graduados de un primer curso universitario.
¿Cómo logran hacerlo? Ante todo, porque la profesión docente goza de un alto prestigio en esas sociedades. Esto va unido a un amplio reconocimiento social, especialmente del gobierno y las élites del país; favorables condiciones de trabajo, como salas de clase con 20 alumnos; salarios dignos, oportunidades de desarrollo profesional y tiempo para aprovecharlas y, en general, medios de apoyo para un buen desempeño vocacional. A cambio de esto, los profesores deben formarse bajo exigentes estándares, certificar sus habilidades, trabajar duro, evaluarse periódicamente en su lugar de trabajo y hacerse responsables por los resultados de su labor. Qué duda podría caber que, así organizada, la profesión docente se convierte en un factor clave del éxito de sus sistemas educativos.
Sorprende que en Chile este factor clave del éxito escolar se halle prácticamente ausente o sea abordado con ligereza. Al mismo tiempo, hemos desvalorizado socialmente la profesión docente. Su atracción sobre los jóvenes con mejores resultados en la enseñanza media y la PSU es baja. Retribuimos mal su trabajo. Los maestros gozan de escaso reconocimiento entre los grupos dirigentes. Las condiciones en que se desenvuelve la profesión son frecuentemente hostiles. Los profesores tienen escaso tiempo para preparar clases; sus oportunidades de desarrollo profesional poco contribuyen a mejorar su desempeño en el aula, y, en general, carecen de apoyo efectivo entre las autoridades y la comunidad. Agréguese a esto que los propios profesores debilitan su profesión cuando se ausentan de sus lugares de trabajo, cumplen a desgano sus labores, muestran poco compromiso con los resultados de aprendizaje de sus alumnos y se resisten a ser evaluados.
En fin, podemos dictar nuevas leyes educacionales, elevar los estándares curriculares, crear una superintendencia, reforzar las regulaciones, alterar los modelos de gestión de las escuelas y, al final de todo esto, encontrarnos en el mismo punto donde partimos, si acaso no tomamos en serio la regla de máximo sentido común recordada por Barber: que sin buenos profesores no hay buena educación. A fin de cuentas, toda sociedad tiene los profesores que se merece.
Puede servirles de ayuda también esta lista de características del profesor (traducida de Alatis, J.E., H.B. Altman y P.M. Alatis (Eds.) (1981): The Second Language Classroom: Directions for the 1980's. Nueva York: Oxford University Press):UN/ A VERDADERO/ A PROFESOR/ AUn/a verdadero/a profesor/a...... está de mi parte,... me dejar ser yo mismo/a e intenta comprender quién soy,... me acepta tal como soy,... no se ha creado una imagen previa de mí,... se interesa por el modo en que aprendo, más que por aquello que aprendo,... no me hace sentir ansiedad o temor,... me da muchas opciones,... me deja aprender por mí mismo/a aunque eso lleve más tiempo;... habla de modo que yo pueda entender lo que me quiere decir,... puede cometer errores y admitirlo,... puede manifestar sus sentimientos y me deja manifestar los míos ... desea que yo evalúe mi propio trabajo .
Los buenos profesores son aquellos que cuentan los temas con una fascinación tal, que prendan la atención del alumno y éste jamás logra sacar de su memoria las historias sabias contadas en las aulas. Pedro Ángel Martínez
Desde mi punto de vista un buen profesor debe motivar al alumno, debe ayudarle en cualquier tipo de problema que se le plantee, debe tener la función de maestro- guía.
Según Eva Cánovas, En lo interpersonal:
El buen profesor tiene vocación de maestro: ayuda a sus estudiantes a crecer personal y profesionalmente.
Es una persona mental y profesionalmente madura: es cálida, honesta, abierta; respeta a sus estudiantes, se interesa por ellos y disfruta de la interrelación profesor-estudiante.
Sirve de modelo a sus estudiantes: en cuanto a su comportamiento como profesor, como profesional y como ciudadano.
En lo profesional:
Es un profesional que domina su área.
Se mantiene actualizado.
Tiene conciencia de la responsabilidad de su profesión.
Merece respeto por la capacidad profesional que muestra tanto dentro como fuera del aula.
En cuanto a la docencia:
Ayuda significativamente a sus estudiantes a alcanzar los objetivos del curso.
Prepara bien su clase y hace de ella una actividad estimulante y productiva.
Logra que los estudiantes se interesen por la materia empleando eficientemente estrategias de enseñanza-aprendizaje apropiadas a los objetivos del curso.
Evalúa a tiempo, con justicia y de acuerdo a los objetivos y contenidos del curso, estimulando el mejoramiento del aprendizaje.
En cuanto a responsabilidad:
Cumple con las normas mínimas de puntualidad, impartición de docencia, administración de exámenes, asignación y entrega de calificaciones.
En cuanto a aportaciones fuera del aula:
Presta su aportación a la creación de nuevos conocimientos, al desarrollo cultural y a la adaptación de tecnología.
Contribuye con el crecimiento y mejoramiento de su Unidad Académica, de la Universidad y de la comunidad.
Creo que como base para todo buen profesor es que debe tener en cuenta tres características claves en su desempeño como docente y es su vida en general: una primera característica de un buen profesor: es alguien feliz; como segunda característica el profesor es alguien autónomo, es decir, enseñará a los alumnos a descubrir su propia autonomía y a crecer siendo fieles a sus propios principios e ideales y no movido por sus caprichos y deseos egoístas e infantiles; la tercera característica de un profesor es que es alguien disciplinado que está para educar, para cumplir con el rol social que permitir que las generaciones más jóvenes logren ajustarse a los requerimientos de la sociedad en que estén. Por ello es que el docente no puede perder de vista el apego a normas de convivencia que permitan que los jóvenes eduquen su libertad. No se trata de imponer una obediencia ciega a normas y principios sino enseñar a respetar esas normas por lo valioso que contienen tras de si.
Por ello es que es preciso que el docente sea prudente, sepa cómo actuar desde una acción ética y no políticamente correcta. Un ánimo educado y capaz de tomar decisiones efectivas, centradas no en el beneficio propio ni en lo políticamente correcto, sino en valores y principios efectivamente formativos.
Por último, me parece que estas acciones desde el plano ético se fortalecen mas cuando quien las emite es alguien capaz de fascinar y atraer la atención de sus alumnos. Por ello es que creo sinceramente que la mejor forma de enseñar y educar a los alumnos es cuando el profesor se muestra a sus alumnos como alguien con autoridad.
Un alumno no se acerca al liceo o colegio a repetir lo que ya sabe, sino a ampliar su horizonte, solo un profesor con el conocimiento y la sabiduría propia permitirán responder a esta necesidad vital.
Un profesor por tanto debe dejar de ser un mero instructor de contenidos para convertirse en un pleno educador, en un servidor de las vocaciones ajenas.
Todo lo anteriormente dicho son las cualidades propias de un profesor pero como una persona no hace el mundo, un buen profesor debe estar apoyado por un buen entorno, Sir Michael Barber, una de las cabezas de las exitosas reformas introducidas al sistema escolar inglés bajo el gobierno de Blair, señala lo siguiente. Decía que la única característica compartida por los sistemas exitosos de educación -desde Finlandia a Singapur- es que forman a sus profesores reclutándolos entre el tercio de los mejor graduados de un primer curso universitario.
¿Cómo logran hacerlo? Ante todo, porque la profesión docente goza de un alto prestigio en esas sociedades. Esto va unido a un amplio reconocimiento social, especialmente del gobierno y las élites del país; favorables condiciones de trabajo, como salas de clase con 20 alumnos; salarios dignos, oportunidades de desarrollo profesional y tiempo para aprovecharlas y, en general, medios de apoyo para un buen desempeño vocacional. A cambio de esto, los profesores deben formarse bajo exigentes estándares, certificar sus habilidades, trabajar duro, evaluarse periódicamente en su lugar de trabajo y hacerse responsables por los resultados de su labor. Qué duda podría caber que, así organizada, la profesión docente se convierte en un factor clave del éxito de sus sistemas educativos.
Sorprende que en Chile este factor clave del éxito escolar se halle prácticamente ausente o sea abordado con ligereza. Al mismo tiempo, hemos desvalorizado socialmente la profesión docente. Su atracción sobre los jóvenes con mejores resultados en la enseñanza media y la PSU es baja. Retribuimos mal su trabajo. Los maestros gozan de escaso reconocimiento entre los grupos dirigentes. Las condiciones en que se desenvuelve la profesión son frecuentemente hostiles. Los profesores tienen escaso tiempo para preparar clases; sus oportunidades de desarrollo profesional poco contribuyen a mejorar su desempeño en el aula, y, en general, carecen de apoyo efectivo entre las autoridades y la comunidad. Agréguese a esto que los propios profesores debilitan su profesión cuando se ausentan de sus lugares de trabajo, cumplen a desgano sus labores, muestran poco compromiso con los resultados de aprendizaje de sus alumnos y se resisten a ser evaluados.
En fin, podemos dictar nuevas leyes educacionales, elevar los estándares curriculares, crear una superintendencia, reforzar las regulaciones, alterar los modelos de gestión de las escuelas y, al final de todo esto, encontrarnos en el mismo punto donde partimos, si acaso no tomamos en serio la regla de máximo sentido común recordada por Barber: que sin buenos profesores no hay buena educación. A fin de cuentas, toda sociedad tiene los profesores que se merece.
Puede servirles de ayuda también esta lista de características del profesor (traducida de Alatis, J.E., H.B. Altman y P.M. Alatis (Eds.) (1981): The Second Language Classroom: Directions for the 1980's. Nueva York: Oxford University Press):UN/ A VERDADERO/ A PROFESOR/ AUn/a verdadero/a profesor/a...... está de mi parte,... me dejar ser yo mismo/a e intenta comprender quién soy,... me acepta tal como soy,... no se ha creado una imagen previa de mí,... se interesa por el modo en que aprendo, más que por aquello que aprendo,... no me hace sentir ansiedad o temor,... me da muchas opciones,... me deja aprender por mí mismo/a aunque eso lleve más tiempo;... habla de modo que yo pueda entender lo que me quiere decir,... puede cometer errores y admitirlo,... puede manifestar sus sentimientos y me deja manifestar los míos ... desea que yo evalúe mi propio trabajo .
Los buenos profesores son aquellos que cuentan los temas con una fascinación tal, que prendan la atención del alumno y éste jamás logra sacar de su memoria las historias sabias contadas en las aulas. Pedro Ángel Martínez
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